Por: Juan Tavárez
Recientemente estuve realizando
un trabajo para una empresa multinacional muy importante en mi país a la que
doy servicios técnicos como contratista. Dicho trabajo consistía en echar a
andar un sistema que estaba fuera de servicio por varios meses.
Las cosas no iban bien porque el
problema parecía estar por encima de mi capacidad y hasta por encima de la
capacidad del fabricante, el cual me estaba ayudando remotamente.
Mientras atravesaba esta
situación, este nuevo reto, que rompía toda mi agenda día tras día, trataba de analizarme interiormente,
conversar conmigo para determinar qué fallaba en mí que no había podido “dar
pie con bola”. Indefectiblemente pude encontrar en mí puntos a corregir para
mejorar la metodología de trabajo, la dirección del equipo y sobre todo mi
capacidad de liderazgo, debido a que en situaciones de crisis ésta resulta ser
más importante que la capacidad técnica.
Es
en este punto en el que me detuve a analizar las consecuencias de una actitud
egocéntrica y como consecuencia, un protagonismo dañino que se alimenta y crece
más en ambientes en los que estas son las respuestas normales de jefes y
subalternos.
Es
decir, definitivamente debo trabajar en mí primero, identificar y mejorar las
limitaciones y conductas que no aportan a mi desempeño profesional, social o
familiar; pero hay terrenos que son más fértiles que otros y convierten estas pequeñas
semillas en árboles inmensos difíciles de eliminar del paisaje.
¿Cuál
es entonces la raíz de este mal?
El miedo, que ataca nuestra autoestima nos
lleva a salvarnos nosotros primero y a concentrarnos en que se reconozcan nuestros
aportes por encima de las necesidades del colectivo al que pertenecemos. El
miedo nos hace egocéntricos (yo primero) y nos conduce al protagonismo (sólo
yo).
Todos
nos vemos ahogados en este océano del miedo: el contratista, al final de la
cadena, tiene miedo de ser reemplazado o desacreditado por no haber resuelto el
problema a la velocidad esperada por el cliente, los encargados tienen miedo de
ser despedidos o amonestados, los ejecutivos tienen miedo de poner en riesgo
los activos de la empresa y así, cada uno libra una batalla diaria con sus
temores y, dependiendo de su autoestima, los verá como monstruos que vienen a
comérselos en la noche mientras duermen o como oportunidades para aprender y
desarrollar sólidas relaciones profesionales.
Todos
sin excepción estamos aterrorizados, y esto es normal porque el miedo es un
mecanismo de defensa. Donde comienza a ser patológico (si se puede utilizar este
término) es cuando éste miedo en lugar
de hacer un círculo de apoyo mutuo, construye una escalera o cadena de presión.
Dejamos de ser equipo y nos convertimos en un grupo de muy bajo desempeño con
capacidad sólo para culpar a los otros.
Cada
uno habla de sus necesidades personales y de cómo el otro puede ayudar a
resolverlas. Desde mi posición pude, gracias a Dios, darme cuenta de este error
que cometimos todos y que fue la causa real del retraso del proyecto, debido a
que todo mundo quiere que el experto resuelva y por lo tanto todo mundo trata
de sensibilizarlo, presionarlo o motivarlo, hasta el mismo experto se auto-presiona,
bloqueando su potencial.
Por
ejemplo:
1.-Debemos
resolver esto a la mayor brevedad debido a que hemos perdido o invertido mucho
dinero. Cuando se dice hemos perdido, ¿realmente estamos incluyendo a la
persona que se lo decimos, sabemos cuáles son las motivaciones o necesidades
que mueven a esta persona a hacer este trabajo?
2.-Mi
trabajo depende de la solución de este problema por lo tanto necesito que me
ayudes y lo resuelvas a la mayor brevedad. Si el otro debe trabajar por tus
problemas, realmente hay un problema. ¿Qué pasa si el otro no quiere ayudarte a
ti, si no tiene esa conexión emocional contigo?
3.-Estoy
haciendo todo lo que puedo, no he recibido suficiente ayuda o apoyo de parte de
la empresa. Esto puede ser o no cierto, pero ¿qué estás aportando como técnico
o experto para fomentar el trabajo en equipo? ¿No será que llegas y te
concentras en el trabajo e ignoras la necesidad que tienen los otros de estar
informados, de sentirse involucrados y aportar?
Es
realmente una bomba de tiempo cuando estas actitudes se mezclan para desintegrar
toda posibilidad de trabajo en equipo. El trabajo en equipo requiere combatir
el ego y los intereses propios, valorar el trabajo de los demás y evitar la
necesidad de ser reconocidos por lo que hacemos de manera individual aportando
a la construcción de una solución colectiva que siempre será mucho más eficaz.
Si te gustó lo que has leído comparte con sus amigos presionando uno de los botónes al principio de este artículo (FB, Twitter, Google, etc.). También puedes dejar tus comentarios debajo. Para más información sobre el tema pueden escribir a mi correo personal: juandtavarezs@gmail.com.
