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lunes, 27 de abril de 2020

Tan pequeño como un virus


Esto a propósito del daño o el bien que puede causar el mundo microscópico en “nuestro” mundo de lo visible y lo evidente.

Interesante el significado que puede dar a nuestras vidas desaparecer…

Aunque la mayoría de la gente busca notoriedad, llegar a la cima, alcanzar las alturas, las primeras planas los grandes titulares, fama, la clave está en ser invisible.

Tan pequeño que no puedas ser visto. Imagínate tener el poder de un virus, poder estar en todas partes a la vez, poder influir de manera imperceptible y ser transportado sin costo de un lugar a otro.

Esta analogía es sólo un punto de partida para atreverme a plantear la relevancia de buscar en lo aparentemente irrelevante el sentido real de la vida.

Mi cabeza ha oscilado como un péndulo entre la miel del poderer y la miel de la sencillez. 

Cuando era joven repetía la frase atribuída a Mao Tse Tung: “salvo el poder todo es ilusión” (creo que todos o casi todos tenemos un pequeño comunista dentro). Luego que maduré quise ser más como la Madre Teresa o Gandi. 

Pero muchas de estas grandes almas y otras no tan grandes se encuentran atrapadas en otra cara del poder: estar presos en una imagen que no pueden cambiar, en una identidad casi estática que los convierte en monumentos petrificados en el tiempo. 

Deduzco entonces, con riesgo a caer junto con Alicia en el dichoso “rabbit hole” que un punto de equilibrio podría ser contribuir de la manera más dispersa y pequeña posible en cada espacio tiempo habitado (como un virus).

Todos tenemos un tiempo finito en este mundo y mejor que temprano descubramos a quien y cómo ayudar con pequeños actos cada día iluminados por la tea de nuestros valores y principios. 

Al terminar el camino, mejor que esté florecido de buenas semillas bien sembradas aunque las flores no sepan quien las puso ahí.

Cada flor podrá ser la madre de muchas flores más no fueron sembradas por tí, pero que no existirían sin tu siembra.

A esto le llamo desaparecer, salir del reflector, estar detrás del telón, mejor aún: ser el telonero y ser el responsable de que la obra que está a punto de comenzar pueda ser vista.

Ahora imagina miles, millones de sembradores que no piensen en ser dueños de las semillas o las flores. Que no esperen ser recordados o nombrados o reconocidos.

…el que quiera ser el más grande que se haga el servidor de todos.
                                                                                                 Jesús.

J.D.T.

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viernes, 24 de abril de 2020

Fidelidad a ti mismo, esa es la cuestión

La sociedad nos exige ser fieles. Es parte de la lucha por la subsistencia de la especie. Debemos ser fieles al estado y sus leyes, a los compromisos financieros, a toda la estructura tributaria, a los compromisos laborales y a los roles familiares básicos como la paternidad y el matrimonio.
En niveles más superestructurales debemos fidelidad a ciertos ideales y creencias que, si bien no son obligatorios, nos dan sentido de pertenencia y mantienen cierto equilibrio psicológico colectivo.
Sin embargo hay una fidelidad que no se enseña en las escuelas, no nos adoctrinan para respetarla, no nos incentivan a mantenerla: la fidelidad a nosotros mismos.
Ser fieles a nuestra esencia, nuestra individualidad, lo que nos diferencia a cada uno del resto, parece contraponerse a la necesidad de una sociedad “uniforme” en la que se enseña todo lo contrario: “debemos transformarnos en el otro”. Ese otro que se nos presenta como modelo de perfección y que nos tortura día y noche como meta inalcanzable.
Desde mi punto de vista, apuntar a un modelo ideal y descubrir nuestra individualidad mantienen una relación dialéctica y entender esta relación es la base del progreso humano. Los modelos nos dan referencias y la individualidad produce los grandes avances. En palabras de Stephen Covey, dentro de la colectividad, cada uno debe “encontrar su voz”.
Como el tema de los modelos está tan bien arraigado en nuestra cultura, no es necesario redundar en él. Considero mucho más relevante resaltar la importancia de descubrir nuestra “voz” única y ser fiel a ella.
Sé por experiencia propia que el solo hecho de pensar que tenemos que embarcarnos en un viaje de autoconocimiento nos da pánico, saca a flote nuestros miedos más profundos, despierta un sentimiento de soledad insoportable porque es un camino en el que nadie nos puede acompañar.
Es aquí donde la palabra “fidelidad” cobra sentido dado que exige un compromiso con alguien a quien no puedes engañar: tú.
Tendrás que enfrentar al niño temeroso y al adulto castigador que cohabitan en ti para hacer las paces entre ellos; enseñar al niño a expresar su creatividad y al adulto a aprovecharla para juntos crear al nuevo ser humano.
Te aseguro que podrás reconocer este nuevo “yo” por la felicidad que sentirás al verlo manifestado haciendo con maestría aquellas cosas para las que definitivamente tiene todas las habilidades y herramientas.
Por supuesto es como la búsqueda del tesoro, necesitarás un mapa que te dirá más o menos donde cavar. Ese mapa es tu propia historia, busca en tu niñez y tu adolescencia aquellas actividades, juegos, materias, trabajos que te hacían feliz y pleno. En tu adultez podrás buscar aquellas que hiciste casi de manera automática y natural.
Recuerda que estas serán sólo pistas, no siempre se revelará como en las películas o en las historias fantásticas como una “iluminación divina repentina”; pero, usando la analogía del tesoro, al cavar irás descubriendo poco a poco el cofre, deberas remover mucha tierra y posiblemente debas romper algún candado oxidado por la humedad y el tiempo. Tarde o temprano lo encontrarás, porque es algo que no está negado a nadie sobre esta tierra que respire, no depende de tu inteligencia o formación o linaje, raza o nacionalidad. Es gratuito porque está en ti, nació contigo y se irá contigo a la tumba.
Si decides emprender esta aventura espero de todo corazón que encuentres la llave hacia esa fuente de felicidad que emana desde lo más profundo de tu interior para que puedas disfrutarla en los años que te quedan sobre la tierra y compartirla con todos y todas a tu alrededor.
Recuerda: “no se enciende una lámpara para ponerla debajo de la mesa”. Jesús.


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Qué hacer cuando no hay nada que hacer

Es curioso que, en un mundo en el cual personas que no tenían tiempo para nada, ahora no se encuentra qué hacer con tanto tiempo disponible.
La realidad nos golpea y nos cuestiona, nos pregunta si aquellas cosas que dijimos que eran las más importantes realmente lo eran.
Pero no es tiempo de lamentarse y darse golpes de pecho, es tiempo de hacernos conscientes y tomar acción. Aún estamos vivos! y esto ya es ganancia.
Si observamos detenidamente veremos que lo que nos han quitado son las rutinas y pronto nos acostubraremos a otras que tenemos la opción de elegir libremente ahora y encontrarles un espacio cuando volvamos al “nuevo mundo que nos espera”. Si, nuevo. No pienses que volverás al mundo que dejaste el primer día que entraste en confinamiento.
Habrán nuevas formas de hacer las cosas: de comunicarnos, relacionarnos, reunirnos, divertirnos y trabajar.
Pero mientras ese mundo llega, ocupémonos de lo único que podemos ocuparnos: el ahora.
Rompamos el paradigma de que “no hay nada que hacer” por que en verdad hay mucho más de lo que imaginamos.
Esto lo podemos lograr si nos sentamos seriamente a reorganizar nuestras vidas y ver en esta dificultad una oportunidad para:
  1. -Capacitarnos. El mundo Web nos ha traído un montón de opciones de entrenamiento en línea en practicamente todas las disciplinas. En una ocasión leí que capacitarse es la mejor forma de invertir el tiempo cuando tienes escasos recursos o mucho tiempo de ocio. Este conocimiento te va a servir tarde o temprano. Pero mejor si haces una lista de aquellas cosas que siempre quisiste aprender y mejor si están asociadas a…
  2. …emprender; porque de esta forma todo encajará como anillo al dedo. Otra ventaja de la web es las cantidad de opciones para micro emprendimientos. Recuerda el principio “en alguna parte alguien necesita lo que tienes para ofrecer” y especialmente si puedes…
  3. …innovar. Ese nuevo mundo del que te hablé, va a necesitar productos y servicios nuevos, nuevas formas de hacer muchas cosas. Es por esto que es buena idea poner nuestra imaginación a funcionar y predecir las nuevas tendencias en servicios y productos y cómo vamos a aprovecharlas para ganar el sustento sirviendo a la comunidad.
  4. Ejercitarse. Ahora que los gimnasios estan cerrados y que no podemos ir a caminar y a correr como antes, necesitamos urgentemente buscar maneras de poner nuestros músculos en movimiento. Y estas son de las cosas que mucha gente pasa por alto y que luego pasa factura como…
  5. …alimentarse bien. Debes revisar la despensa, aprovecha para aprender a leer las etiquetas de los productos que compras y podrías sorprenderte de toda el azucar y los químicos que ingieres cuando el trabajo te llena de estrés y ansiedad. Cultiva hábitos alimenticios sanos.
  6. Relacionarte. Aprovecha para reconstruir y cuidar relaciones, las vas a necesitar ahora más que nunca. Busca a tus amigos, hagan grupos, asegúrense de que todos están bien, que no necesitan nada. Hay gente cerca de tí que podría no tener ya qué comer. Y peor aún hay gente que puede deprimirse por la soledad o por sentirse poco útil.
  7. Medita, ora, relájate. Aprende a relajarte, esto te hará muy bien y verás que de haberlo hecho cuando el trabajo ocupaba todo tu tiempo, se te hubiesen ocurrido las mejores ideas, tendrías más asuntos bajo control.
Como puedes ver ahí tienes una lista con la que puedes hacer una rutina cada día y te aseguro que de cada una de ellas saldrán nuevas tareas y volverás a estar ocupado (a) pero a la vez te habrás humanizado y habrás crecido, habrás pasado a otro nivel y esto es lo que realmente importa.
Feliz Vida!
J.D.

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