Por: Juan Tavárez
Hace un par de años
recibí un video que es una joya para entender cómo nos estamos acabando el
planeta muchas veces movidos por una necesidad inexplicable de consumo. Este
video se titula “La historia de las cosas (Story o Stuff)” y trata sobre el proceso productivo de los bienes que consumimos y cómo
este proceso funciona como si no tuviera límites acabando con los recursos
naturales, contaminando el ambiente y convirtiendo al planeta en un lugar cada
vez más inhóspito.
Es así cómo la dignidad del ser humano y el valor de la naturaleza se
reduce al ciclo del consumo que nos convence de que ni una ni la otra cosa son
más importantes que las cosas y el dinero, lo cual es una gran mentira que nos
está matando lentamente, nos enferma y hace a los pobres más pobres no porque
les falte el dinero, sino porque les estamos arrebatando la vida.
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El video explica las cinco partes
del proceso productivo: extracción,
producción, distribución, consumo y disposición de desechos. Su autora
asegura que éste modelo, extraído de las teorías de la economía de los
materiales, está equivocado por tener una disposición lineal y por no tomar en cuenta
s interacción con el mundo real. Es decir: las personas, los recursos naturales
y el impacto de los desechos finales en ambos.
Lo que me resulta realmente interesante de este
maravilloso material es la motivación que nos lleva a esta carrera autodestructiva:
el consumo.
La economía del capital está
basada en el consumo, fue diseñada
así por los economistas modernos para mantener los medios de producción activos
y así mantener la economía en
movimiento.
En este vídeo conocí dos
conceptos totalmente desconocidos por mí hasta el momento: la obsolescencia planificada y la obsolescencia percibida, dos
conceptos creados en EEUU después de la segunda guerra mundial para reactivar
la economía. Es el momento en el que el
consumo se convierte en la nueva religión.
Estas son las definiciones de ambos conceptos según Wikipedia:
Obsolescencia percibida: cuando crean un producto con un cierto aspecto, y
más adelante se vende exactamente el mismo producto cambiando tan solo el
diseño del mismo. Esto es muy evidente en la ropa, cuando un año están de moda
los colores claros, y al siguiente los oscuros, para que el comprador se sienta
movido a cambiar su ropa perfectamente útil y así ganar más dinero.
Obsolescencia
planificada:
cuando, a la hora de crear un producto, se estudia cual es el tiempo óptimo
para que el producto deje de funcionar correctamente y necesite reparaciones o
su substitución sin que el consumidor pierda confianza en la marca, y se
implementa dicha obsolescencia en la fabricación del mismo para que tenga lugar
y se gane así más dinero.
Wikipedia añade un tercero que no está incluido en el vídeo:
Obsolescencia de especulación: cuando éste comercializa productos
incompletos o de menores prestaciones a bajo precio con el propósito de
afianzarse en el mercado ofreciendo con posterioridad el producto mejorado que bien pudo
comercializar desde un principio, con la ventaja añadida de que el consumidor
se lleva la falsa imagen de empresa dinámica e innovadora.
En los tres casos el objetivo es que tiremos las cosas aunque aún sean
útiles para que compremos otras “mejoradas” en su aspecto o funcionalidad y de
esta manera producir más dinero, sin
tomar en cuenta el consumo indiscriminado de los recursos naturales a una velocidad
en la que es casi imposible su auto-regeneración.
Esta práctica además multiplica exponencialmente la cantidad de desechos
(basura) que se vierte al medio ambiente, especialmente de tectología que se
convierte en inservible de un período a otro y que, debido a la poca o ninguna
cultura de reciclaje, termina acumulándose y contaminando el ambiente.
Podemos concluir entonces que la cultura de consumo produce al menos dos
productos perjudiciales para la vida en el planeta: la reducción acelerada y
peligrosa de una gran parte de los recursos naturales y la contaminación
parcial o total del resto. En otras palabras, los bienes que encontramos en el
planeta y que mantienen en equilibrio la vida (bosques, ríos, aire, etc.) son
gradualmente eliminados o convertidos en inservibles debido a prácticas cuyo
único objetivo es producir dinero.
Esto es un gran contrasentido que hemos transferido el valor de los
recursos naturales, el trabajo del hombre y los productos que resultan del
mismo al dinero al punto que su búsqueda destruye los bienes que representa.
En la última parte del video “historia de las cosas” hay una explicación
muy sencilla pero impactante de cómo entramos sin darnos cuenta en este “ciclo
asesino del consumo” que usa nuestras carencias afectivas y los medios de
comunicación como armas en nuestra contra.}
Al llegar de un trabajo que nos explota, nos enferma y nos agota, nos
sentamos a engordar frente al televisor que nos hace sentir mal por cómo nos
vemos, por lo que usamos o comemos. Esto nos deprime y nos lleva a llenar este
vacío con cosas que compramos y luego tiramos cuando volvemos a sentirnos mal
según la TV.
Pero el mensaje no se queda en sólo una denuncia, también plantea
alternativas y nos invita a apoyar las propuestas que promueven un estilo
diferente de vida e inclusive gobiernos (estado) que sean del pueblo y para el
pueblo. Nos invita a unirnos en la consecución de una sociedad libre de
contaminación y equilibrada con el medio ambiente.
Yo sólo agregaría una cosa: el cambio comienza por nosotros mismos como
individuos, en nuestros hogares, en nuestros trabajos, en nuestros barrios,
debemos dejar de rendir culto al dios del consumo y valorar más la vida con nuevas
prácticas y actitudes que debemos enseñar a los más pequeños para que aprendan
a valorar lo realmente valioso. No lo dejemos para después, iniciemos ahora
mismo cambiando nuestros hábitos de consumo y nuestras prácticas de manejo de
desechos para proteger el planeta y así asegurarlo para nosotros mismos y las
próximas generaciones.
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