Por: Juan Tavárez
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Un día tuve que detenerme y
hacerme seriamente esta pregunta pues me había dado cuenta de que el tiempo no se había
detenido a mis quince años cuando soñaba con ganar el mundo para mí. Pasados
los treinta años, tenía varios proyectos, aspiraciones, sueños y metas no
cumplidas y necesitaba entender cómo llegar a ellas a la mayor brevedad y con menos
sacrificio.
Comencé entonces a buscar
alternativas de trabajo que me permitieran compartir más con mi familia,
lograr mayores niveles de libertad, realizar mis actividades preferidas
y aportar a la sociedad, todo esto
haciendo, por una vez en la vida, tareas que disfruto hacer como componer e
interpretar canciones y enseñar a otros.
El camino hacia la realización de
mis sueños me fue llevando poco a poco por una emocionante ruta de
autoconocimiento en el que se descubrían poco a poco las verdaderas razones de
mi estancamiento, tanto en actitudes mías como en las de los demás, razones que se
convirtieron en las lecciones irrepetibles que la vida me regalaba día tras
día.
La respuesta a la pregunta “¿por
qué no he logrado mis sueños?” me ha sido respondida múltiples veces a través
de diferentes creencias limitantes y respuestas de auto – sabotaje que sólo
sirven para mantenernos al margen de la mediocridad y a años luz del éxito.
Estas son las razones por las que no he logrado mis sueños:
· Por no
creer. No creer en mí mismo, en los demás, en que un trabajo puede
funcionar para mí, en que yo puedo hacerlo, en que otras personas también
pueden, en que el dinero llegará, en que estaré en salud. Creer,
siempre creer es como la llave que nos abre la puerta del camino porque lo que
no creemos automáticamente deja de existir para nosotros. Y si no existe, nunca lo podremos ver.
· Por no
cumplir. La palabra empeñada parece haber perdido su valor, pues hacemos promesas, fijamos citas para a una hora, una fecha y
luego violamos todo alegremente porque en nuestra lista de prioridades los
lugares varían rápidamente en base a nuestros intereses y por esto perdemos
grandes oportunidades, perdemos relaciones que pueden ser determinantes en
nuestro futuro y sobre todo perdemos tiempo, que es un recurso imposible de
recuperar.
·
Por no
invertir. Puede ser que creamos que las cosas vendrán del cielo y que no
requerirán de nuestro esfuerzo o de nuestro dinero. Esto es completamente falso
y es la creencia más generalizada. A pesar de que implique un gran riesgo,
siempre debemos estar a la disposición de invertir en la medida de
nuestras posibilidades, porque invertir es como sembrar: cosecharemos siempre en
la misma proporción. Claro que, igual que en la siembra, depende también del
terreno en el que caen nuestras semillas, por lo tanto debemos estar preparados
para perder, inclusive perderlo todo y volver a comenzar. En este caso diremos
como Tomas Alba Edison: Muchos fracasos de la vida han sido de hombres que no supieron darse cuenta de lo cerca que estaban del éxito cuando se rindieron.
·
Por no
estudiar. Nadie es propietario de todo el conocimiento, ni existe un
conocimiento absoluto. Casi todo puede ser reinventado, redescubierto,
rediseñado. Los cambios de paradigmas son permanentes de generación en
generación y por eso debemos siempre estudiar, conocer, experimentar, prepararnos
con lo que existe y estar abiertos a lo nuevo que existirá. Claro, todo dentro
de una escala de valores que promueva la vida, la convivencia pacífica, el amor
entre los seres humanos y la preservación de la naturaleza.
·
Por no
dejarme guiar. A lo largo de nuestra vida aparecen ciertas personas que
tienen la sincera intención de guiarnos hacia el próximo nivel y éstas llegan
justo cuando estamos listos para dar este paso. Lamentablemente nuestro peor
enemigo, que es el ego, la necesidad de gritar a los cuatro vientos que los
hicimos solos sin ayuda de nadie, nos domina y rechazamos tan preciosa oferta. Para
crecer siempre es necesario un tutor, mentor o maestro que nos ayuda a aclarar
el camino y a pisar firme para avanzar con seguridad.
·
Por
seguir o dar malos ejemplos. En el último año, a través de un negocio de
vanguardia que estoy desarrollando junto a mi esposa, he aprendido un término
nuevo: “la modelación”, que no es más que el ejemplo que recibimos de estos
guías y el que damos a otros cuando nos toca guiar. Esto me abrió los ojos
porque en el mundo real, aunque alguna gente no te lo diga, te observa y trata
de seguir tus pasos. También nosotros, aunque no nos dejemos guiar de quien
realmente nos quiere ayudar, seguimos los pasos de personas que nos sirven de
modelo pero que no tienen principios y valores claros. Es por esta razón que,
tanto nuestros seguidores anónimos como nosotros vivimos constantemente
entrando en veredas sin salida y en círculos sin fin que nos alejan de nuestra
meta cada vez más. Generalmente criticamos en otros lo que nos molesta de
nosotros mismos porque esperamos que los demás sean mejores de lo que nosotros
hemos sido incapaces de ser.
·
Por
querer que otros tengan los mismos sueños. La libertad es un tesoro y como
tal debe ser cuidada, protegida y practicada diariamente. Es necesario entender
que nos somos ni seremos iguales. Aunque parezca que tenemos las mismas metas,
realmente son diferentes, totalmente diferentes. Muchas veces hacemos creer a
los demás que compartimos en igual nivel su pasión y esto se debe a que
queremos ser aceptados y reconocidos. A la larga resulta que este edificio se
derrumba porque está sobre cimientos falsos e insostenibles. Aceptar el derecho
de los demás a disentir y el nuestro propio a participar o no de una iniciativa
es el principio de relaciones genuinas en donde negociamos nuestros niveles de
participación en proyectos comunes sólo condicionados por la regla ganar-ganar.
·
Por no
reconocer las virtudes de los demás por encima de sus defectos. Hay un
poder inmenso en reconocer las virtudes de los demás, nunca como adulación sino
como un proceso en el que nos damos la oportunidad de conocerlos profundamente
para poder valorar su identidad. Todos tenemos razones para ser elogiados y
ninguno para ser juzgados, esto porque nuestras virtudes son tan inherentes a nuestra
condición humana como nuestros defectos. Cuando aprendemos a juzgar menos y a
reconocer más nos engrandecemos y forjamos relaciones duraderas fundamentadas
en el amor.
·
Por no
saber esperar. Toda la naturaleza corre sobre la autopista del tiempo.
Cuando nace un árbol no nace grande de una vez. Todo en este proceso llega a su
tiempo y no inicia un proceso hasta que el otro se ha completado
satisfactoriamente. El árbol debe crecer, hacerse fuerte, madurar y florecer
antes de dar los primeros frutos y todo esto pasa en un tiempo predefinido y no
antes. Saber esperar es una virtud poco común pero todos podemos aprenderla si
prestamos atención a los pequeños cambios, si nos damos cuenta de que algo está
pasando aunque en proporciones muy pequeñas, a veces imperceptibles. Aunque no
notemos que el universo cambia a cada instante, no podemos afirmar que es
estático e inamovible.
·
Por no
querer lograrlos. Realmente la razón más poderosa para no alcanzar nuestros
sueños es no querer lograrlos. Esto porque cuando deseamos algo con todas
nuestras fuerzas y con todo nuestro corazón casi nada puede detenernos, ningún
sacrificio es tan grande, ningún camino tan largo. Por lo tanto la pregunta
primordial es: "Si en verdad deseo lograr esto, ¿estoy dispuesto a transformarme
en una nueva persona por este fin?" Para ver cambios en nuestro entornos debemos
cambiar nosotros primero porque todo lo que queremos ya está allí en una forma
intangible, al transformarnos en nuestro deseo, lo hacemos visible a nuestros
ojos y verdaderamente posible.
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Muy buenos argumentos de por qué no logramos nuestros sueños, me gusto mucho el articulo, siempre con buenas visiones sobre la vida, felicidades...
ResponderEliminarGracias por tus observaciones Starling. Compártelo con quien consideres apropiado.
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