Por: Juan Tavárez
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Toda actividad humana está basada
en la interrelación entre individuos. Cada empresa, cada proyecto depende de
más de una persona. Siempre tendremos que interactuar con otros y es la calidad
de estas relaciones, su correcto enfoque el lo que garantiza el éxito de
nuestra visión. Por el contrario las pobres relaciones nos llevan
inevitablemente al fracaso.
Por otro lado, al emprender en el
mundo de los negocios, inevitablemente nuestras relaciones con los demás se ven
afectadas. A veces positivamente y muchas veces negativamente.
Cuando inicié mi negocio tenía la
falsa ilusión de que los clientes vendrían a mí por mis cualidades personales,
preparación académica, reputación, seriedad, honestidad y experiencia en el
campo. Luego de dos años me di cuenta de que son las sanas relaciones y no las
aptitudes las que crean fidelidad en clientes, suplidores, empleados, socios,
etc.
No se trata de una especie de
“manipulación” emocional, ni de fingir el afecto para ganar una venta, se trata
de identificar con eficacia el nivel y la profundidad en que podemos
interactuar con las personas para que cada contacto sea una ganancia para
todos.
Digo esto porque siempre tuve
miedo de convertirme en una especie de payaso de circo con una sonrisa colgada
en el rostro y haciendo creer a la gente que me agrada cuando probablemente no
es así. La sonrisa surge no por la necesidad de agradar a la gente sino por la
confianza en nosotros mismos.
En el momento que nos comenzamos
a auto valorar justamente, comenzamos a valorar a los demás y esto nos permite
relacionarnos con todos desde un punto inicial genuino de agrado, respeto,
interés y amor que es agrado, respeto, interés y amor por nosotros mismos.
Sí, todo comienza dentro de
nosotros. En el momento en el que experimentamos esta auto transformación
comenzamos a tener resultados positivos en nuestro entorno.
El respeto
Pienso que el primer paso para
desarrollar buenas relaciones es el respeto. Una vez escuché en un audio libro
que: el valor de un ser humano es único e invariable. Por lo tanto, éste no
está definido por lo que hace o deja de hacer y mucho menos por nuestra
percepción de los demás. Hay que respetar las opiniones de los demás, sus
decisiones, sus gustos, etc. no debemos imponer nunca nuestro criterio
Resistir la tentación de opinar mal de los demás
Es una tarea difícil para muchos
pero no hay mejor práctica que reservarnos opiniones negativas de los demás.
Cada quien tiene sus defectos y virtudes, todos estamos creciendo y por lo
tanto nadie tiene autoridad para juzgar a otros sobre sus decisiones. Según
John C. Maxuell en su libro “Relaciones 101”, el presidente norteamericano
Harry Truman dijo: “Cuando comprendemos el punto de vista del otro, cuando
comprendemos lo que él está tratando de hacer, nueve de cada diez veces esa
persona está tratando de hacer lo correcto”.
En efecto, todos tratamos de hacer lo correcto. No
quiere decir que lo estamos haciendo, hay
que determinar qué es lo correcto que los demás tratan de hacer cuando se
equivocan.
Evitar los prejuicios
Cómo es posible que pretendamos
conocer a las personas antes de tratarlas, o por la forma de vestir o hablar, o
por la gente con la que se junta. Nuestras experiencias pasadas son útiles para
prevenirnos de cometes los mismos errores pero son un estorbo para fomentar
relaciones saludables con los demás. Si consideramos que nosotros somos buenos
y no merecemos que nos juzguen antes de conocernos, debemos ser justos y
aplicar este principio a los demás también.
El servicio
Servir es nuestra carta de
presentación. Para esto, necesitamos identificar cuáles son nuestros puntos
fuertes y nuestras debilidades. A qué tenemos acceso y a qué no. Porque servir
no significa crear falsas expectativas sobre cosas que podemos conseguir o
hacer por los demás.
Un vendedor, por ejemplo,
enfocado en cerrar un trato puede ofrecer al cliente que le hará determinados
favores. Esto es un grave error debido a que algunos clientes se dan cuenta de
las intenciones del vendedor y sacan el mayor provecho de estas circunstancias
mas no compran nunca ninguno de sus productos o servicios.
Servir es un acto genuino de
solidaridad con las necesidades reales de nuestros clientes y hacia éste debemos
orientar los bienes que comercializamos.
El círculo íntimo
John C. Maxuell en su libro “las
21 leyes irrefutables del liderazgo” habla de conformar un “círculo íntimo”
cada persona, según Maxuell debe contar con un grupo de colaboradores cercanos
en diferentes áreas que no podemos trabajar solos. El recomienda que tengamos
alguien que interceda, alguien que escuche, alguien que anime, etc.
Lo que me llama la atención de
esta recomendación del señor Maxuell es que al ir conformando este círculo
estamos realmente creando profundos lazos con al menos 15 personas que nos
acompañarán en el camino de crecimiento personal y profesional.
Para realizar grandes proyectos
necesitamos personas comprometidas con nuestra visión a nuestro lado. Pero esas
personas no se comprometen con nosotros porque sí. Son las relaciones que vamos
creando con éstas las que incentivan su colaboración y sobre todo permiten que
nos ayuden a crecer y ser mejores personas. Y es el ser mejores personas, no
mejores vendedores, o mejores ingenieros, o mejores doctores, ser mejores
personas es la clave para el verdadero éxito en la vida.
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Excelente articulo. Es una realidad lo que acabas de plantear.
ResponderEliminarAtt. Emerlin Feliz
Excelente reflexión en cada uno de sus análisis, le felicito,
ResponderEliminarAtte. Ing. Hendry R. Sanchez