Por Juan Tavárez
No me digas, trataste de hacer un plan para pagar tus deudas
e incrementar tus ingresos, iniciaste con mucho ánimo porque estabas convencido
de que lo lograrías y de que, en un plazo razonable, estarías libre de ese estrés que te estaba matando. Llamaste a todos tus suplidores y les diste fecha
de pago, te sentiste confiado e iniciaste el desarrollo de tu estrategia.
Pero algo falló en el camino: el
préstamo que solicitaste en el banco para bajar los intereses de tus deudas fue
negado, te viste obligado a hacer nuevos consumos con las tarjetas de crédito,
las propuestas que habías hecho a tus clientes no fueron aprobadas o tu jefe no
te dio el aumento que le pediste.
Te sientes devastado, desdichado,
sin fuerzas. Te preguntas qué mal hiciste para caer en esta situación y por qué
no encuentras una salida. Has entrado en lo que yo llamo el “nocaut financiero”. Lo llamo así porque
uno se encuentra como los boxeadores cuando le están contando diez luego de estar
tirados en el piso por un golpe en la cabeza o el costado.
Ahora te pregunto, si fueras
boxeador, ¿qué harías en ese momento? ¿Intentarías levantarte?, seguro que sí, sabes que luego de que te cuenten diez
pierdes la pelea y tú no la quieres perder. La mayoría de los boxeadores lo
intentan otra vez y otra vez, el boxeo es un deporte de resistencia a los
golpes y generalmente gana el que aprende a esquivarlos o aguantar hasta el
final.
Esta es mi conclusión: la vida es igual que el boxeo en muchos
aspectos, la clave está en levantarse y volver a intentarlo, con otras
técnicas, estudiando a tu oponente (en este caso las deudas o los bajos
ingresos), estudiándote tú mismo para ver con qué cuentas y cuáles son tus
puntos débiles para protegerlos.
Luego de un nocaut financiero a
mí me han funcionado estos tres pasos:
1.-Revisar en qué he fallado. Es
muy importante determinar cuáles fueron las malas prácticas que nos llevaron al
nuestra situación actual, porque en el futuro habrán más “peleas” y no nos
podemos permitir caer por la misma causa.
2.-Creatividad. Evaluar nuestras
posibilidades, nuestros recursos y las oportunidades de nuestro entorno nos
lleva más allá de un control de gastos.
Siempre hay algo que no hicimos en el pasado y que podemos intentar.
3.-Mide los resultados. Define indicadores de desempeño que te den una
idea de cómo vas. En mi caso he visto que hay que medir al menos: tu nivel de
ingresos brutos, tu nivel de gastos, tu nivel de ganancias (ingresos menos
gastos), tu nivel de deudas y tu nivel de créditos (cuánto te deben a ti). De
aquí es sencillo deducir que tus gastos deben bajar y tus ingresos subir, tus
deudas deben bajar y tus ventas subir. No es saludable bueno que te deban mucho
por lo tanto debes definir hasta qué nivel puedes aguantar crédito a tus
clientes.
Si revisas estos indicadores de
manera mensual o semanal y te estableces metas cada vez mejores, verás si estás
avanzando y si hace falta hacer ajustes a tu plan.
La clave es: no enfocarse en los sentimientos que te provoca estar noqueado,
busca motivación, alguien que te anime, que te ayude a evaluar tu situación y a
buscar soluciones creativas. Y sobre todo, ten
fe, mucha fe, todo tiene solución y como dicen en mi país: “todo es pasajero menos el chofer”.
Dios te bendiga y buena suerte.
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