Por: Juan Tavárez
Si no puedes responder a esta
pregunta deberías estar replanteando el rumbo de tu vida y en muchos de los
casos, aunque creas que tienes la respuesta son los resultados que estás
teniendo los que hablan por ti.
Me encuentro frente a un grupo de
estudiantes universitarios jóvenes en la clase de relaciones públicas de una
universidad prestigiosa de mi país, invitado por el profesor que es mi amigo.
Al iniciar la clase y durante todo
su desarrollo pude notar conductas de las que quizás ellos no se percataban
pero para mí era una evidencia clara de falta de propósito y dirección. Era un
claro reflejo de nuestra sociedad y es una de las razones más poderosas de la
realidad que sufrimos.
Las sillas estaban dispuestas en
filas y columnas, tal como nos han enseñado por décadas a organizarnos: unos
detrás de otros. Los estudiantes se acomodan como siempre de una manera
conveniente: unos solitarios en un rincón de la parte trasera, otros sentados “al
margen” de las filas en dúos o tríos conversando temas triviales y típico de
esta época, con sus ojos fijos en sus móviles seguro conectados a las redes
sociales.
El profesor por su parte pasaba
la lista y cuestionaba por la tarea, cumplía con su deber, agotaba sus horas intentando
llamar su atención.
Al momento de presentarme como
orador, ya tenía un plan para crear una grieta en sus débiles esquemas mentales controlados por la rutina y
la tecnología.
Les invité a hacer un círculo
para que estemos todos a la misma distancia. Esto de seguro creó molestias, no
nos gusta que nos saquen de nuestra zona de confort y no nos gusta que nos
pongan a la misma distancia. Me imagino que por esto algunos quedaron fuera del
círculo y aquello parecía una nubecita o una estrella irregular. Le invité a
reflexionar sobre este punto: “de esta manera funciona ahí afuera, muchos
quedan fuera del círculo y por eso pierden permanentemente buenas oportunidades”.
Luego de pensar un poco sobre
esto, les conté mi historia profesional a través de la cual permanece inmutable
la pregunta: ¿qué hago aquí?, pregunta me llevó siempre a niveles mayores de
libertad en esta sociedad que insiste en volvernos esclavos infelices y sin
sentido de propósito porque nos quiere convencer de que todo está resuelto en
el mercado.
Tengo una hoja donde he puesto
varias imágenes que representan todos mis sueños, la cargo conmigo siempre para
no olvidar mi propósito. Ese día la pasé por el círculo de estudiantes y les
pedí que escribieran detrás lo que pensaban sobre lo que veían en las imágenes.
Fue una mañana hermosa porque
escuché a los jóvenes hablar sobre sus propios sueños y los escuché hablar las
razones reales por las que estaban en la universidad. Varios se dieron cuenta
de que estos sueños y estas razones estaban como en dos mundos diferentes. Que
hemos seguido la inercia social de hacer lo que otros han hecho, que por miedo
nos hemos quedado ahí haciendo siempre lo mismo y aspirando a resultados
diferentes.
Detén por un momento toda
actividad en la que estés ahora mismo, toma un suspiro hondo, trata de salir de
tu cuerpo mírate dónde estás y pregúntate: ¿qué hago aquí?
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Excelente Juan, cuando encontremos las respuestas a esa pregunta tan simple entonces, solo entonces nuestra vida va a cambiar. Respuesta misma que no esta fuera, sino dentro de cada uno de nosotros.
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